En primer lugar, nos tenemos que dar cuenta de
que, si una persona que es participante
en el conflicto tiene ira o no.
¿Cómo nos damos cuenta del enfado de otros?
La
ira tiene un rostro universal. Ceño fruncido, mirada fría y fija, párpados
abiertos, labios apretados o boca abierta enseñando los dientes.
Hay
mucha tensión muscular en las extremidades, podemos cerrar los puños.
Sentimos
calor y enrojecimiento ya que aumenta la dilatación de los vasos periféricos.
De hecho lo observamos también en el vocabulario popular, “hervir de ira”,
“rojo de la rabia”, “echar fuego por los ojos”
Aumenta
el latido cardiaco, la tasa respiratoria y la tensión arterial.
Otros signos corporales de la ira:
- Invadir
el espacio personal de la otra persona.
- Mirada
fija.
- Puño en
la boca.
- Palma
en la frente.
- Brazo
cogido por la mano.
- Micro
picores en la cara externa de los brazos, en el interior del ojo, en la
nariz hacia el interior del rostro.
- Tocarse
el cuello.
Una
vez que nos hemos dado cuenta, del enfado. Pasamos a la segunda fase :
Aprender a regular la ira
El
manejo de la ira es una de las claves de la inteligencia emocional.
La
ira suele manifestarse de forma violenta y nos lleva al ataque. Las personas
que se enfadan con mucha intensidad lo tienen más complicado para calmarse de
forma inmediata. Nos lleva a perder el control “perder los estribos”, “sacarme
de mis casillas”, “sacarme de quicio”.
A
veces, esto se explica por nuestro temperamento. Más impulsivo “tiene
un pronto… pero luego no es nadie” o más reflexivo “se
mantiene la cabeza fría en las situaciones difíciles”.
En
otras ocasiones lo explicamos por la tendencia de algunas personas a
aguantar y callarse aquellas cosas que les molestan.
Tenemos
la sensación de “la gota que colma el vaso” aguanto y aguanto hasta que
“estallo de ira”.
La
respuesta de ira lleva su proceso. La subida puede ser violenta o progresiva
pero una vez que estamos en la parte alta de la curva todos necesitamos un
tiempo para regularnos.
Cuando
hemos detectado el tipo de ira que puede ser debemos seguir las siguientes
pautas para que esta se vaya reduciendo.
1.
Relajar
a los participantes para resolver el conflicto. Hacer la pausas que sean
necesarias, con el objetivo de que los mismo, puedan buscar una solución
racional y real del conflicto.
2.
En
primer lugar, el autocontrol por parte del mediador , este debe pensar
realmente lo que debe decir en cada momento , para que los participantes no se
vean aún mas enfadados y no contagiarse de la ira.
En segundo lugar, hacer que los
participantes piense antes de hacer o decir algo, ya que haciendo esto ayuda a
bajar la intensidad de la ira.
En tercer lugar, si los participantes han
tenido casos de ira durante la mediación de conflicto debemos , buscar el
origen de esta ira.
·
¿Por
qué me he enfadado tanto?
·
¿Se
trata de un deseo muy fuerte que no se ha cumplido?
·
¿Es
la decepción de mis expectativas?
·
¿Hay
un insulto a mi autoestima?
·
¿Siento
la amenaza de un daño?
·
¿Me
estoy enfrentando a una injusticia?
· ¿Mi
percepción es correcta o estaba irritable por otra razón ajena a esta
circunstancia que me ha provocado el enfado?
3.
La interpretación que hacemos de los
sucesos es muy importante para prevenir una ira descontrolada
4. Evitar
que nuestros participantes se sientan culpables al sentir ira o enfado.
5. Decidir si quiero expresar mi ira o
inhibirla.
Tras un análisis de la situación, puedo
decidir que me interesa más callarme y no expresar mi ira ni mi malestar. Este
tipo de contención no provoca problemas emocionales ya que controlamos la
situación que la ha causado, decidimos que lo mejor es ser discretos. Pro
ejemplo si hay terceras personas delante que no tiene porque presenciar una
discusión o no nos parece que el contexto sea el adecuado para ello o pensamos
que las consecuencias para nosotros van a ser realmente perjudiciales.
En otras ocasiones, puedo decidir
no inhibirla y expresarla con intensidad en una situación de gran injusticia,
pero eso sí usando la afectividad.
6.
Expresar
asertivamente la emoción nos ayuda resolver el conflicto sin agresividad y sin
reprimir nuestras emociones.
De esta manera prevenimos el rencor,
resentimiento o incluso odio a largo plazo y conseguimos que los demás se
adapten a nuestras necesidades, o al menos saber lo que podemos esperar de
ellos de cara al futuro.
·
Empatizo. Intento conectar con lo que el otro
siente.
·
Describo
el hecho que me
molesta.
·
Expreso
lo que siento con Mensajes Yo (hablo
en primera persona). Puedo estar moderadamente enfadado cuando lo hago.
o
Escucho
a la otra persona.
Recojo información por si hubiera algún mal entendido.
·
Intento
llegar a un acuerdo.
7.
Los
participantes no deben entrar al trapo de los ataques del otro
8.
El
mediador debe ser hábil en el manejo de la ira de otra persona
Cuando
nos encontramos delante a una persona iracunda podemos optar por dos
estrategias:
- La
persona está realmente descontrolada y enfadada.
En
estas circunstancias lo mejor es escuchar al otro, mantener la calma y
la seguridad, y trasmitirla con mi cuerpo (mirada ajustada a la situación pero
tranquilizadora, tono de voz calmado, volumen bajo, movimientos serenos,
postura erguida no amenazante…), empatizar y darle parte de la razón. Cuando la
persona esté más tranquila podemos expresar nuestra opinión o hacerle una
crítica si consideramos que su enfado no era justificado.
- La
persona usa su enfado para achantarnos y manipularnos.
Este
otro escenario es muy diferente. En este caso nuestro enfado y gesto
firme pude inhibir el enfado de la otra persona. En un enfado controlado
los tonos de voz son más graves que agudos y nuestra postura se mantiene firme
con movimientos contundentes sin invadir el espacio personal del otro. La
mirada es más fija y sin pestañear tanto, sostenemos la mirada del otro y no
nos retiramos los primeros.
En conclusión, estos son
las estrategias, técnicas o
comportamientos necesarios para controlar la curva de la ira
FUENTES: